Colombia superó los 4,65 GW de capacidad solar y eólica instalada, un crecimiento que modifica la composición de su sistema eléctrico y marca una nueva etapa en la transición energética del país.

La Unidad de Planeación Minero Energética —UPME— informó que la capacidad acumulada de ambas tecnologías alcanzó 4.654,31 MW en julio de 2026. El dato actualiza los 4.626,73 MW anunciados días antes por el Ministerio de Minas y Energía y confirma que el país rebasó la meta intermedia de 4 GW del programa gubernamental 6GW+.

La energía solar y eólica representa ahora aproximadamente 19,23% de la capacidad instalada del Sistema Interconectado Nacional. Al sumar la generación hidroeléctrica, con una participación cercana al 54,92%, las tres fuentes constituyen alrededor del 74,19% de la capacidad del sistema.

El crecimiento es considerable frente a agosto de 2022, cuando Colombia contaba con cerca de 200 MW de energías renovables no convencionales, según las cifras oficiales. En menos de cuatro años, la capacidad solar y eólica se multiplicó más de veinte veces.

Sin embargo, la expansión de la capacidad instalada es solamente una dimensión de la transición. El próximo desafío será integrar esa generación al sistema, asegurar que produzca energía cuando el país la necesita y transformar los nuevos proyectos en mayor confiabilidad y tarifas competitivas.

Capacidad instalada no equivale a generación efectiva

Las cifras del Gobierno describen la potencia máxima de los proyectos conectados, no la proporción exacta de electricidad que producen durante el año.

Una planta solar genera únicamente durante las horas con suficiente radiación y su producción varía según el clima. Los parques eólicos también dependen de la disponibilidad del viento. Por ello, su participación en la generación eléctrica efectiva suele ser inferior a su porcentaje dentro de la capacidad instalada.

Las centrales hidroeléctricas pueden operar durante periodos más largos, pero también dependen de los niveles de los embalses y de las condiciones hidrológicas.

El 74,19% presentado como capacidad de “energías limpias” incluye estas tres tecnologías, pero no significa que exactamente ese porcentaje de la electricidad consumida en Colombia provenga de ellas en todo momento.

Esta distinción será cada vez más importante a medida que aumente la generación variable. El éxito de la transición no deberá medirse únicamente por los megavatios instalados, sino también por la energía entregada, la confiabilidad del sistema y la reducción efectiva del uso de generación térmica.

Diversificar una matriz dependiente del agua

Colombia ya contaba con una matriz eléctrica de bajas emisiones gracias a su extensa capacidad hidroeléctrica. Esa ventaja también representa una vulnerabilidad.

Durante periodos de sequía o fenómenos como El Niño, la reducción de los aportes hídricos obliga a utilizar con mayor intensidad centrales térmicas alimentadas con gas, carbón o combustibles líquidos. Esta generación suele ser más costosa y aumenta las emisiones del sistema.

La expansión solar puede complementar la hidroelectricidad al producir energía durante el día y permitir una mejor administración de los embalses. La energía eólica puede añadir otra fuente de generación con patrones diferentes a los de la lluvia y la radiación solar.

Una matriz más diversificada reduce la dependencia de una sola condición climática. No elimina, sin embargo, la necesidad de centrales firmes o sistemas capaces de responder cuando disminuyen simultáneamente el sol, el viento y los niveles de agua.

La generación térmica, que representa aproximadamente 25,81% de la capacidad instalada, continúa desempeñando un papel relevante en el respaldo del sistema.

La energía solar avanza más rápido

Una parte importante del crecimiento renovable colombiano procede de instalaciones solares.

Los proyectos fotovoltaicos suelen tener periodos de construcción más cortos, pueden desarrollarse en diferentes escalas y enfrentan menos limitaciones geográficas que las grandes centrales hidroeléctricas o eólicas.

La expansión incluye parques conectados al Sistema Interconectado Nacional, proyectos de autogeneración empresarial, instalaciones residenciales y soluciones dirigidas a comunidades alejadas.

El avance de la energía eólica ha sido más lento, a pesar del extraordinario recurso disponible en regiones como La Guajira.

Varios proyectos han enfrentado retrasos en licencias, consultas previas, acuerdos con comunidades, financiación y construcción de líneas de transmisión. La experiencia demuestra que disponer de viento de alta calidad no garantiza por sí solo la ejecución de las inversiones.

El desarrollo de La Guajira requerirá procesos de consulta legítimos, beneficios verificables para las comunidades y una infraestructura capaz de transportar la electricidad hacia los principales centros de consumo.

Las redes se convierten en el próximo cuello de botella

La incorporación de miles de megavatios renovables aumenta la presión sobre la red eléctrica.

Los mejores recursos solares y eólicos suelen encontrarse lejos de Bogotá, Medellín, Cali y otros centros de demanda. Sin líneas de transmisión suficientes, una planta puede estar terminada y aun así no disponer de capacidad para entregar toda su producción.

La UPME adoptó en 2026 nuevas medidas para agilizar la asignación de capacidad de transporte a proyectos que ya cuentan con obligaciones energéticas y licenciamiento ambiental. El objetivo es priorizar iniciativas con mayores posibilidades de ejecución y reducir la acumulación de solicitudes que reservan espacio en la red sin avanzar hacia la construcción.

Esta reforma puede mejorar el uso de la infraestructura existente, pero no sustituye las nuevas líneas que necesitará el sistema.

La expansión de la transmisión suele requerir más tiempo que la construcción de un parque solar. Si ambos procesos no avanzan de forma coordinada, Colombia podría incorporar capacidad nominal sin aprovechar plenamente la energía disponible.

Almacenamiento y flexibilidad

El almacenamiento será otra pieza necesaria para sostener el crecimiento de la generación variable.

Las baterías pueden acumular electricidad solar durante las horas de mayor producción y liberarla cuando cae la radiación o aumenta la demanda. También ayudan a controlar fluctuaciones, ofrecer servicios auxiliares y reducir congestiones en determinados puntos de la red.

No toda la flexibilidad tendrá que proceder de baterías. Colombia puede combinar almacenamiento, gestión de la demanda, interconexiones regionales, generación hidroeléctrica flexible y centrales térmicas de respaldo.

La ventaja del país reside precisamente en su capacidad hidroeléctrica. Si se administra correctamente, parte de los embalses puede actuar como complemento de la energía solar y eólica, conservando agua durante horas de alta generación renovable y utilizándola cuando esas fuentes disminuyen.

El diseño del mercado eléctrico tendrá que remunerar adecuadamente esa flexibilidad, además de la energía producida.

Comunidades y transición justa

El Gobierno colombiano ha situado las comunidades energéticas entre los pilares de su estrategia.

El modelo busca que hogares, organizaciones locales y municipios puedan producir, administrar o beneficiarse directamente de proyectos renovables. Su aplicación puede ampliar el acceso a electricidad y distribuir mejor los beneficios de la inversión.

La transición justa, sin embargo, no se limita a instalar paneles en comunidades vulnerables. También exige participación en las decisiones, acceso estable al servicio, capacitación, empleo local y mecanismos de mantenimiento que funcionen después de la inauguración de los proyectos.

Este punto es especialmente relevante en territorios que poseen recursos energéticos de alta calidad, pero todavía registran pobreza, infraestructura insuficiente o dificultades de acceso a electricidad.

La legitimidad social será tan importante como las autorizaciones técnicas. Los retrasos de numerosos proyectos eólicos muestran que la transición puede perder velocidad cuando las relaciones territoriales se tratan como un trámite secundario.

Del crecimiento acelerado a la consolidación

Los 4,65 GW instalados confirman que Colombia ha acelerado la incorporación de energía solar y eólica. También muestran que la transición está entrando en una fase más compleja.

La primera etapa consistió en atraer proyectos y aumentar la capacidad. La siguiente deberá garantizar que esas instalaciones estén plenamente conectadas, produzcan de manera confiable y contribuyan a reducir costos y emisiones.

Para lograrlo, el país necesitará ampliar la transmisión, incorporar almacenamiento, fortalecer la planificación y proporcionar reglas suficientemente estables para que los proyectos alcancen cierre financiero.

También deberá preservar la seguridad del suministro mientras reduce gradualmente su dependencia de combustibles fósiles. Una retirada prematura de la capacidad de respaldo podría aumentar la exposición a sequías y fallas del sistema; una expansión térmica sin una estrategia clara podría retrasar la reducción de emisiones.

Colombia ha superado un hito cuantitativo. La prueba decisiva será convertir esos megavatios en una transformación operativa del sistema eléctrico.

El progreso ya no dependerá solamente de cuántos paneles solares y aerogeneradores se instalen, sino de cómo funcionen juntos con las redes, los embalses, el almacenamiento y las comunidades.