Representantes de Armenia y Azerbaiyán se reunieron este martes en la ciudad de Lachín para evaluar la posible importación y exportación de electricidad entre ambos países, enfrentados durante décadas por el control de Nagorno Karabaj y otros territorios del Cáucaso Sur.
La reunión contó con funcionarios del Ministerio de Energía de Azerbaiyán y de Azerenergy, la empresa estatal encargada de la producción y transmisión eléctrica del país.
Por la parte armenia participaron representantes del Ministerio de Administración Territorial e Infraestructura y del Operador del Sistema Eléctrico, responsable de coordinar el funcionamiento de la red nacional.
Las delegaciones analizaron distintas alternativas para conectar las infraestructuras energéticas en la frontera estatal y establecer futuros intercambios de electricidad.
Hasta el momento no se han anunciado volúmenes, inversiones, plazos ni acuerdos comerciales vinculantes. Las conversaciones se encuentran en una etapa técnica preliminar y su avance dependerá del proceso político entre Ereván y Bakú.
La energía entra en las negociaciones de paz
La reunión representa un paso relevante porque introduce la cooperación eléctrica dentro de la normalización de relaciones entre dos países que permanecieron prácticamente desconectados durante décadas.
Armenia y Azerbaiyán mantuvieron enfrentamientos intermitentes desde finales de la década de 1980, principalmente por Nagorno Karabaj, un territorio internacionalmente reconocido como parte de Azerbaiyán que estuvo administrado durante años por autoridades de origen armenio.
Azerbaiyán recuperó parte del territorio durante la guerra de 2020 y tomó el control completo en septiembre de 2023. La ofensiva provocó la salida hacia Armenia de la mayor parte de la población armenia que residía en la región.
Desde entonces, los gobiernos de Ilham Aliyev y Nikol Pashinyan han avanzado en negociaciones para establecer relaciones formales, delimitar la frontera y reabrir conexiones de transporte y comercio.
En agosto de 2025, ambos países alcanzaron en Washington una declaración preliminar promovida por la administración de Donald Trump. Sin embargo, el tratado definitivo todavía enfrenta asuntos pendientes, entre ellos las exigencias de Bakú para que Armenia modifique referencias constitucionales que Azerbaiyán considera reclamos territoriales.
La cooperación eléctrica puede funcionar como una medida práctica de confianza mientras continúan las discusiones políticas.
¿Por qué la reunión se realizó en Lachín?
Lachín posee un elevado valor estratégico y simbólico dentro del conflicto.
La ciudad está situada en el suroeste de Azerbaiyán, cerca de la frontera con Armenia. Durante años, el denominado corredor de Lachín constituyó la principal conexión terrestre entre Armenia y Nagorno Karabaj.
El área quedó bajo control azerbaiyano después de los cambios territoriales derivados de la guerra de 2020. Bakú ha impulsado desde entonces un programa de reconstrucción que incluye carreteras, viviendas, centrales hidroeléctricas y nuevas redes de transmisión.
Celebrar allí una reunión con representantes de ambos gobiernos representa un cambio significativo respecto a las relaciones mantenidas durante las últimas décadas. Un territorio asociado con bloqueos, operaciones militares y disputas fronterizas comienza a utilizarse como espacio para conversaciones económicas.
No obstante, su sensibilidad obliga a mantener cautela. La reunión técnica no elimina las diferencias existentes ni garantiza que la interconexión eléctrica vaya a concretarse.
¿Qué ganaría Azerbaiyán?
Azerbaiyán es uno de los principales productores de petróleo y gas del mar Caspio y cuenta con un sistema eléctrico respaldado principalmente por centrales térmicas alimentadas con gas natural.
El país también está ampliando su capacidad renovable mediante parques solares, instalaciones eólicas y pequeñas centrales hidroeléctricas, especialmente en Karabaj y Zangezur Oriental.
El Ministerio de Energía azerbaiyano asegura que la demanda eléctrica de esos territorios ya puede cubrirse con fuentes renovables y que parte de la generación excedente se entrega al sistema nacional.
Una conexión con Armenia permitiría a Bakú vender excedentes, mejorar la estabilidad de su red y avanzar hacia una integración eléctrica más amplia del Cáucaso Sur.
Azerbaiyán también desarrolla corredores de energía verde con Georgia, Turquía y Europa. Incorporar una conexión armenia podría añadir flexibilidad al sistema y facilitar intercambios regionales dependiendo de la demanda y de los precios.
Las oportunidades para Armenia
Armenia posee una matriz distinta. Su sistema eléctrico combina generación nuclear, hidroeléctrica, gas natural y una capacidad solar que ha crecido durante los últimos años.
La central nuclear de Metsamor continúa siendo una pieza fundamental del abastecimiento nacional, mientras el país importa desde Rusia gran parte del gas utilizado en sus centrales térmicas.
Armenia ya mantiene intercambios eléctricos con Georgia e Irán. Con este último país desarrolla un esquema mediante el cual recibe gas y entrega electricidad como contraprestación.
Una conexión con Azerbaiyán podría ofrecer una nueva fuente de respaldo, ampliar las opciones comerciales y reducir el aislamiento energético armenio. También permitiría aprovechar diferencias horarias o estacionales entre la oferta y la demanda de ambos sistemas.
El beneficio dependerá de la capacidad de las líneas, los precios negociados y las garantías operativas. Una interconexión entre países que estuvieron en guerra requerirá mecanismos sólidos para evitar que nuevas tensiones políticas interrumpan el suministro.
Más que construir una línea
Conectar dos redes eléctricas no consiste únicamente en instalar cables y subestaciones.
Los operadores deben coordinar parámetros técnicos como frecuencia, voltaje, capacidad de transmisión, sistemas de protección y protocolos de respuesta ante fallas. También deben establecer reglas para medir los flujos, calcular precios y resolver desequilibrios.
Las delegaciones tendrán que determinar si las redes pueden sincronizarse directamente o si resulta necesario utilizar estaciones convertidoras que permitan intercambiar electricidad sin integrar completamente la operación de ambos sistemas.
Además, cualquier infraestructura construida cerca de la frontera requerirá acuerdos de seguridad, acceso para labores de mantenimiento y garantías para los trabajadores.
Estas condiciones explican por qué las conversaciones se desarrollan inicialmente entre ministerios, operadores de transmisión y compañías eléctricas, antes de pasar a compromisos comerciales o políticos de mayor alcance.
La infraestructura como garantía de estabilidad
Los proyectos energéticos pueden crear incentivos económicos para preservar la paz. Una interconexión genera ingresos, reduce costos y obliga a mantener una coordinación permanente entre operadores de ambos países.
La normalización también podría reabrir corredores ferroviarios, carreteras y redes de telecomunicaciones que conectarían Armenia, Azerbaiyán, Turquía y los mercados del mar Caspio.
Uno de los principales proyectos regionales es la denominada Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad, conocida como TRIPP. El corredor atravesaría territorio armenio para conectar Azerbaiyán con su enclave de Najicheván y, desde allí, con Turquía.
Los planes han contemplado infraestructura de transporte, telecomunicaciones y potencialmente energía. Una conexión eléctrica bilateral podría complementar ese corredor y aumentar la relevancia del Cáucaso Sur como puente entre Asia y Europa.
Este proceso también modificaría el equilibrio regional. Rusia ha ejercido históricamente una gran influencia sobre Armenia y sobre los sistemas energéticos del antiguo espacio soviético. Una mayor integración entre Ereván, Bakú, Turquía y Occidente reduciría parcialmente esa dependencia y abriría nuevas rutas fuera de la órbita de Moscú.
Un primer paso, todavía sin acuerdo
La reunión de Lachín debe interpretarse como una señal política y técnica, no como el anuncio de una interconexión ya aprobada.
No existe todavía información pública sobre la capacidad de las futuras líneas, el costo de las obras, el sentido predominante de los flujos ni la fecha en que podrían comenzar los intercambios.
Tampoco se ha confirmado si las negociaciones culminarán en un proyecto bilateral independiente o si se integrarán en un corredor energético regional más amplio.
Sin embargo, el hecho de que funcionarios y operadores de ambos países discutan directamente la compra y venta de electricidad resulta significativo después de décadas de enfrentamiento.
Si las conversaciones avanzan, la energía podría convertirse en uno de los primeros sectores donde la paz produzca beneficios económicos concretos. La verdadera prueba será transformar el encuentro técnico en infraestructura operativa y contratos estables capaces de sobrevivir a las diferencias políticas pendientes.