Dinamarca mantiene bajo evaluación el proyecto de la Isla Energética del Mar del Norte, una ambiciosa infraestructura artificial diseñada para concentrar, transformar y distribuir electricidad generada por grandes parques eólicos marinos.
La iniciativa fue presentada como una pieza central de la estrategia danesa para convertir el Mar del Norte en uno de los principales polos de energía renovable de Europa. Su desarrollo inicial contemplaba conectar alrededor de 3 GW de capacidad eólica, con la posibilidad de ampliarla progresivamente hasta 10 GW.
En su configuración máxima, el sistema podría generar una cantidad de electricidad equivalente al consumo de aproximadamente 10 millones de hogares europeos. No obstante, esa cifra representa el potencial de expansión previsto originalmente y no la capacidad de una instalación actualmente contratada o en construcción.
El proyecto permanece formalmente pausado desde junio de 2023, cuando el Gobierno de Dinamarca decidió postergar el proceso de licitación tras concluir que el modelo propuesto requería mayores niveles de financiamiento público y no resultaba económicamente viable en las condiciones previstas.
¿Qué es la Isla Energética del Mar del Norte?
El proyecto contempla la construcción de una isla artificial situada aproximadamente 100 kilómetros al oeste de la costa de Jutlandia. La infraestructura funcionaría como un centro de conexión para recibir la electricidad generada por numerosos parques eólicos marinos distribuidos en el Mar del Norte.
A diferencia de un parque eólico convencional, que transporta directamente su producción hacia tierra, la isla concentraría la energía de distintas instalaciones y permitiría distribuirla entre Dinamarca y otros mercados europeos mediante interconexiones eléctricas internacionales.
El Estado danés tendría una participación mayoritaria de al menos 50,1%, mientras que inversionistas privados participarían en la construcción y operación del complejo.
El diseño original contemplaba una superficie de entre 120.000 y 460.000 metros cuadrados, dependiendo de la capacidad finalmente desarrollada. Alrededor de la isla podrían instalarse entre 200 y 600 aerogeneradores.
Además de funcionar como nodo eléctrico, el complejo fue pensado para albergar tecnologías de almacenamiento y conversión energética. Entre ellas aparece la producción de hidrógeno verde mediante sistemas Power-to-X, capaces de transformar electricidad renovable en hidrógeno u otros combustibles sintéticos.
Sin embargo, estas instalaciones forman parte del potencial futuro del proyecto y no constituyen plantas definitivamente aprobadas o financiadas.
El problema no es técnico, sino económico
La Agencia Danesa de la Energía confirmó que tanto el plan general de desarrollo como su evaluación ambiental estratégica permanecen suspendidos.
Aunque los estudios preliminares del fondo marino fueron completados y publicados, el Gobierno continúa analizando soluciones “mejores o más rentables” antes de reactivar el proceso.
La decisión refleja las dificultades económicas que enfrenta actualmente la industria eólica marina europea. El aumento de las tasas de interés, los mayores costos de los materiales, las restricciones en las cadenas de suministro y la inflación en los equipos de generación han reducido la rentabilidad de numerosos proyectos.
La construcción de una isla artificial añade, además, una infraestructura de gran escala que debe ser financiada antes de que los parques eólicos puedan comenzar a operar.
En consecuencia, el potencial técnico de 10 GW no garantiza por sí solo que el proyecto pueda atraer el capital necesario. Para avanzar, Dinamarca necesita definir cómo se distribuirán los costos entre el Estado, los desarrolladores privados, los operadores de transmisión y los países que eventualmente recibirían la electricidad.
El proyecto está pausado, pero no cancelado
La distinción resulta importante. Dinamarca no ha abandonado oficialmente la Isla Energética del Mar del Norte, pero tampoco mantiene un calendario firme para su construcción.
El cronograma inicial contemplaba comenzar las operaciones durante la década de 2030 y alcanzar una capacidad de hasta 10 GW hacia 2040. Esas fechas dejaron de ser válidas después de la suspensión del concurso en 2023.
La administración danesa estudia ahora configuraciones alternativas que podrían reducir el tamaño inicial de la infraestructura, distribuir su construcción en distintas etapas o reemplazar parcialmente la isla artificial por plataformas eléctricas marinas conectadas directamente con tierra.
También será necesario coordinar el proyecto con otros países del Mar del Norte. Una infraestructura de esta magnitud depende de interconectores capaces de transportar electricidad hacia Alemania, Países Bajos, Bélgica y otros mercados europeos.
Dinamarca cambia su estrategia eólica
La pausa de la isla energética no implica que Dinamarca haya detenido su expansión eólica marina.
El país avanza paralelamente con las licitaciones de Nordsøen I Syd y Nordsøen I Midt, dos parques ubicados también en el Mar del Norte que deberán aportar una capacidad conjunta mínima de 2 GW.
Estos proyectos utilizarán plataformas y cables submarinos conectados con la red terrestre, por lo que no dependen de la construcción de la isla artificial.
La nueva estrategia también incorpora respaldo financiero público. Después de que una licitación eólica sin subsidios cerrara sin recibir ofertas en 2024, el Gobierno danés adoptó un esquema de contratos por diferencia para reducir la exposición de los desarrolladores a la volatilidad de los precios eléctricos.
El mecanismo garantiza un nivel de ingresos durante un período determinado: cuando el precio del mercado se encuentra por debajo del valor establecido, el Estado compensa al productor; cuando lo supera, el desarrollador devuelve parte de la diferencia.
El cambio demuestra que Dinamarca continúa apostando por la eólica marina, pero mediante proyectos más pequeños, escalonados y con un reparto de riesgos diferente al planteado originalmente para la isla energética.
El hidrógeno verde dependerá de los costos
La producción de hidrógeno aparece como una posible solución para aprovechar períodos de alta generación eólica, especialmente cuando la red eléctrica no puede absorber toda la energía disponible.
Los electrolizadores podrían convertir ese excedente en hidrógeno verde, que posteriormente sería utilizado por industrias, refinerías, plantas químicas o sistemas de transporte pesado.
No obstante, su incorporación depende de la existencia de compradores, infraestructura de almacenamiento y transporte, y precios capaces de competir con el hidrógeno producido a partir de combustibles fósiles.
Por ello, la producción de hidrógeno debe entenderse como una posibilidad estratégica asociada al proyecto, no como una capacidad confirmada.
Un termómetro para la transición energética europea
La Isla Energética del Mar del Norte resume uno de los principales desafíos de la transición energética europea: construir grandes volúmenes de generación renovable no es suficiente si las redes, los interconectores, el almacenamiento y el modelo financiero no avanzan al mismo ritmo.
Dinamarca dispone de recursos eólicos de primer nivel y de una extensa experiencia industrial en el sector. Sin embargo, incluso uno de los mercados más desarrollados del mundo necesita revisar sus planes cuando los costos superan la capacidad de inversión prevista.
El proyecto continúa representando una posible plataforma para integrar hasta 10 GW de energía eólica marina, abastecer distintos mercados europeos y desarrollar combustibles renovables. Su materialización dependerá ahora de que Copenhague encuentre una estructura financiera capaz de convertir esa visión en una inversión viable.