El conflicto bélico en Oriente Medio continúa sofocando la navegación comercial en una de las arterias más estratégicas del comercio energético mundial. La Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi (ADNOC) confirmó que dos de sus buques petroleros fueron objeto de un ataque la noche del jueves 13 de agosto mientras transitaban por el estrecho de Ormuz. Aunque la petrolera estatal de Emiratos Árabes Unidos (EAU) precisó que la situación fue controlada sin registrar víctimas fatales ni heridos, el Ministerio de Relaciones Exteriores emiratí atribuyó directamente la acción "hostil" a Irán, calificando estos episodios como "actos de piratería" perpetrados por la Guardia Revolucionaria iraní.
La escalada de tensión armada iniciada a finales de febrero de 2026 entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica ha transformado el paso estratégico en una zona de alto riesgo para la flota mercante internacional. Con estos dos últimos eventos, ADNOC contabiliza al menos 18 buques atacados en la zona desde el estallido de las hostilidades, saldo que incluye la muerte de un tripulante y heridas a otros 20 marineros. Las autoridades emiratíes han hecho un llamamiento urgente a detener estas agresiones, instando a Teherán a garantizar la seguridad marítima y restablecer la libertad de navegación en el angosto paso del Golfo Pérsico.
La parálisis en el paso estratégico y el colapso del tráfico marítimo El estrecho de Ormuz se encuentra bajo un bloqueo de facto impuesto por Irán desde mediados de julio, medida adoptada como respuesta a intensos bombardeos estadounidenses contra posiciones estratégicas en el sur del territorio iraní. La parálisis operativa ha tenido un impacto severo sobre los flujos globales de hidrocarburos. Según datos de la plataforma de monitoreo marítimo Kpler, el tránsito diario de embarcaciones por la vía marítima se ha desplomado dramáticamente: de una media histórica de 120 buques al día antes del conflicto, la cifra ha caído a un promedio reciente de apenas 14 barcos.
Desde el comienzo de la confrontación bélica, diversas plataformas de rastreo naval estiman que alrededor de 70 buques comerciales han sufrido agresiones, impactos de proyectiles o intentos de abordaje en Ormuz. A pesar del despliegue naval y las recientes afirmaciones de la Casa Blanca sobre el dominio operativo de la ruta marítima, el Ejército iraní ha desmentido estas declaraciones, asegurando que mantiene el control militar absoluto de sus aguas territoriales e insulares contiguas al canal de navegación.

Las exigencias de Teherán y las disputas por el cobro de tarifas La disputa geopolítica ha entrado en una fase de estancamiento diplomático. La República Islámica exige como condición previa para reabrir el paso marítimo que Washington cese las operaciones militares, levante el bloqueo sobre los puertos e infraestructura naval iraní y autorice la comercialización sin restricciones de su petróleo crudo en los mercados internacionales.
En paralelo, Irán mantiene negociaciones mediadas con el Sultanato de Omán, país que comparte la soberanía del estrecho, para establecer un nuevo esquema operativo. La propuesta iraní busca imponer el cobro de tasas obligatorias a todo buque comercial que transite por la vía en concepto de servicios de seguridad, auxilio marítimo y gestión medioambiental. Esta iniciativa ha sido categóricamente rechazada por la administración estadounidense y sus aliados regionales, quienes consideran que la medida viola el principio de libre paso inocente consagrado en el derecho internacional del mar.
Implicaciones para la oferta energética y perspectivas del mercado El estrangulamiento de Ormuz representa la amenaza más grave para la seguridad de suministro energético global en la presente década, al interrumpir el canal por el que transita habitualmente cerca de una quinta parte del consumo mundial de petróleo y grandes volúmenes de gas natural licuado (GNL). La persistencia de los ataques a flotas estatales como la de ADNOC eleva los costos de seguro de guerra para los buques tanqueros, restringe la disponibilidad de fletes en el Golfo Pérsico y mantiene una prima de riesgo geopolítico elevada sobre las cotizaciones de los principales índices de referencia petroleros.
El balance del mercado petrolero continuará condicionado a la evolución de las negociaciones indirectas en Mascate y a la capacidad de las potencias internacionales para garantizar corredores seguros de navegación. Mientras no existan garantías tangibles de desescalada, la paralización del tráfico en Ormuz seguirá obligando a los exportadores del Golfo a buscar rutas alternativas o acumular inventarios, con el consiguiente riesgo de interrupciones prolongadas en la cadena de suministro hacia los centros de consumo de Asia y Europa.