La prolongación de la guerra entre Estados Unidos e Irán está sometiendo al mercado petrolero mundial a una presión que podría convertirse en una de las mayores disrupciones de suministro de la historia reciente. El interrogante ya no se limita a cuánto petróleo existe almacenado en el mundo, sino a qué parte de esas reservas puede ponerse realmente en el mercado con rapidez.
Según estimaciones citadas por Reuters, el mundo habría perdido alrededor de 2.600 millones de barriles de suministro desde el comienzo de la guerra, una cantidad equivalente a aproximadamente 25 días del consumo mundial previo al conflicto, calculado en unos 103 millones de barriles diarios.
La magnitud del déficit actual continúa siendo objeto de debate. La mayoría de los analistas sitúa la diferencia entre oferta y demanda en torno a cinco millones de barriles diarios, mientras que Saudi Aramco estima que la pérdida de suministro procedente del Golfo asciende a unos 11 millones de barriles diarios. La situación podría haberse agravado además por las interrupciones en otras infraestructuras internacionales.
Las reservas gubernamentales ofrecerían unos 180 días de margen
La Agencia Internacional de Energía (AIE) anunció en marzo la liberación de 400 millones de barriles de reservas de emergencia en respuesta a la crisis.
En conjunto, los países vinculados a la AIE dispondrían de aproximadamente 1.500 millones de barriles entre reservas gubernamentales y comerciales. En teoría, esa cantidad podría cubrir un déficit de cinco millones de barriles diarios durante unos 300 días.
El problema es que una parte importante de esas existencias pertenece a compañías privadas, refinerías y operadores que necesitan mantener determinados niveles de inventario para garantizar el funcionamiento normal de sus instalaciones.
La AIE no puede ordenar directamente la liberación de todas las reservas comerciales.
Si se consideran únicamente las reservas controladas por los gobiernos, quedarían aproximadamente 900 millones de barriles disponibles, suficientes para compensar el actual déficit durante alrededor de 180 días, es decir, unos seis meses.
Esa cifra constituye uno de los principales indicadores de hasta dónde podría llegar el colchón energético occidental si la guerra y las interrupciones de suministro continúan.
La reserva estratégica estadounidense está bajo presión
La situación de Estados Unidos añade otra variable importante.
Alrededor de un tercio de las reservas gubernamentales de la AIE se encuentra en territorio estadounidense, pero la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos (SPR) se encuentra en niveles históricamente bajos.
Las existencias de crudo de la SPR han descendido hasta niveles que no se observaban desde enero de 1983, durante la presidencia de Ronald Reagan.
Además, la infraestructura utilizada para almacenar y liberar ese petróleo presenta problemas. La Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos advirtió que parte de las instalaciones se encuentra deteriorada y que aproximadamente una cuarta parte de las reservas podría no estar disponible para su liberación inmediata.
Analistas de Rapidan Energy estiman que más de 100 millones de barriles podrían resultar actualmente inaccesibles.
Si Estados Unidos dispusiera efectivamente de unos 200 millones de barriles utilizables dentro de su reserva estratégica, esa cantidad permitiría cubrir por sí sola alrededor de 40 días de un déficit mundial de cinco millones de barriles diarios.
La diferencia entre petróleo almacenado y petróleo técnicamente disponible se ha convertido así en uno de los factores fundamentales para evaluar la seguridad energética mundial.
El diésel y el combustible de aviación representan otro riesgo
La presión no se limita al petróleo crudo.
Las reservas mundiales de diésel y combustible para aviones se encuentran en sus niveles más bajos de los últimos cinco años, según estimaciones de Morgan Stanley.
Los daños sufridos por refinerías e infraestructuras energéticas en Oriente Medio y Rusia han reducido la disponibilidad de productos refinados, aumentando la vulnerabilidad de segmentos esenciales de la economía.
Esto es especialmente relevante porque disponer de grandes cantidades de petróleo crudo no resuelve automáticamente una escasez de combustibles refinados.
Las refinerías necesitan capacidad operativa, infraestructura logística y determinados tipos de crudo para producir diésel, gasolina y combustible de aviación.
Una interrupción prolongada podría, por tanto, provocar tensiones en los productos refinados incluso antes de que las reservas mundiales de crudo se aproximen a niveles críticos.
China dispone de uno de los mayores colchones del mundo
China podría encontrarse en una posición considerablemente más cómoda.
Pekín no publica datos completos sobre sus reservas estratégicas, lo que dificulta calcular con precisión la cantidad de petróleo almacenado en el país.
Energy Aspects estima que China podría haber acumulado cerca de 1.700 millones de barriles de crudo en julio, aunque otras estimaciones sitúan la cifra entre 1.000 y 1.700 millones de barriles.
Además, el país mantiene cantidades adicionales de combustibles y productos petroquímicos.
Si la estimación más elevada fuera correcta, China podría compensar durante casi un año las importaciones que antes de la guerra atravesaban el Estrecho de Ormuz, calculadas en unos 5,5 millones de barriles diarios.
Esto situaría a China, junto con Japón, entre las grandes economías con mayor capacidad para soportar una interrupción prolongada del suministro procedente de Oriente Medio.
La reducción reciente de la demanda china también está contribuyendo a moderar parcialmente el consumo mundial de petróleo.
El mercado pierde su margen de seguridad
Las cifras muestran que el mundo todavía dispone de importantes reservas petroleras, pero también revelan que el margen de seguridad es considerablemente menor de lo que sugieren las cifras brutas de inventarios.
No todo el petróleo contabilizado puede liberarse inmediatamente. Parte está en manos privadas, otra parte se encuentra en tránsito y determinadas reservas estratégicas presentan limitaciones físicas o técnicas.
Por ello, una guerra prolongada entre Estados Unidos e Irán podría transformar progresivamente una crisis de suministro en una crisis de inventarios y capacidad logística.
Con un déficit sostenido de alrededor de cinco millones de barriles diarios, las reservas gubernamentales occidentales ofrecerían aproximadamente seis meses de cobertura. Si las pérdidas reales de suministro fueran mayores, ese margen se reduciría significativamente.