El sistema eléctrico ecuatoriano ha entrado en una fase crítica de vulnerabilidad operativa que compromete el suministro continuo de energía a escala nacional.

De acuerdo con informes técnicos elaborados por el Operador Nacional de Electricidad (Cenace) y ratificados mediante un oficio firmado por el viceministro de Energía, Heriberto Medina, el país enfrenta un escenario complejo caracterizado por un elevado riesgo de no poder cubrir la demanda eléctrica interna.

La alerta surge del deterioro acelerado en la disponibilidad de los recursos de generación hidroeléctrica, la caída en los niveles de almacenamiento en los embalses del Austro y la drástica reducción en los caudales que alimentan a las principales centrales del país.

Frente a la inminencia del déficit, el Ministerio de Ambiente y Energía emitió una autorización excepcional y de emergencia a favor de la empresa pública Elecaustro para incorporar 200 megavatios (MW) adicionales al Sistema Nacional Interconectado (SNI).

Esta inyección de potencia proviene de dos barcazas de generación térmica de capitales turcos ancladas en el puerto de Guayaquil, las cuales se suman a los 85 MW que la compañía ya mantenía interconectados.

Sin embargo, analistas del sector energético y miembros del Consejo Consultivo de Ingeniería han cuestionado la velocidad de la contratación y advierten que las soluciones térmicas flotantes resultan insuficientes para compensar el déficit estructural mientras las cotas de los ríos continúan retrocediendo.

Deterioro de la cuenca hídrica y caída de reservas en Mazar y Coca Codo Sinclair

El informe del Cenace fundamenta la alerta en el comportamiento descendente de los principales activos hídricos de la nación:

  • Descenso crítico en el embalse de Mazar: La cota del embalse Mazar —pilar fundamental de la cascada hidroeléctrica del río Paute— inició septiembre en los 2.147 metros sobre el nivel del mar (msnm) y cayó a su punto más bajo del mes el pasado jueves, situándose en los 2.137 msnm. Tras registrar un leve ajuste a 2.138 msnm este martes, la reserva acumula una pérdida neta de 9 metros de columna de agua en solo 22 días.
  • Bajos caudales en el río Coca: El flujo del río Coca se mantiene de forma persistente en torno a los 200 metros cúbicos por segundo (m³/s). Esta restricción hidrológica impide que la central Coca Codo Sinclair (1.500 MW de capacidad instalada) opere a su máxima potencia, reduciendo sustancialmente el margen de reserva operativa del país.
  • Evaluación tripartita de vulnerabilidad: El Cenace fundamentó la declaratoria de riesgo evaluando la evolución de las reservas hídricas, la disponibilidad real del parque de generación térmico e hidroeléctrico, y las proyecciones de incremento de la demanda para el último trimestre del año.

Costo económico, vulnerabilidad térmica e impacto del fenómeno de El Niño

La rigidez de la matriz energética ecuatoriana expone las finanzas públicas a elevados costos de producción térmica:

  • Alta dependencia hidrológica: Roberto Aspiazu, presidente de la Cámara de Energía del Ecuador, enfatizó que la matriz nacional mantiene una dependencia excesiva del recurso hídrico, obligando al Estado a recurrir a generación termoeléctrica —considerablemente más costosa por el consumo de diésel y fuel oil— cuando caen las precipitaciones.
  • Impacto fiscal de El Niño: Evaluaciones económicas advierten que la presencia de un fenómeno de El Niño fuerte podría representar un costo directo de $1.825 millones para la economía ecuatoriana, provocando una contracción estimada del 1,4% del Producto Interno Bruto (PIB).
  • Presión sobre los tiempos de contratación: La velocidad en los trámites administrativos para habilitar a Elecaustro y poner en marcha las barcazas privadas refleja la urgencia del Ejecutivo por evitar un esquema de cortes programados de electricidad (apagones) en los centros urbanos e industriales.

La advertencia emitida por el Cenace confirma que Ecuador vuelve a estar al borde de una crisis severa de abastecimiento eléctrico debido a la falta de lluvias en la vertiente amazónica y la cuenca del Paute.

Aunque la incorporación de 200 MW térmicos mediante las barcazas en Guayaquil ofrece un alivio de emergencia, el descenso sostenido de 9 metros en la cota de Mazar y el estiaje en el río Coca dejan al sistema interconectado sin margen de maniobra, elevando el riesgo de racionamientos y forzando un alto costo fiscal por la generación termoeléctrica de reemplazo.

Fuentes