Petróleos de Venezuela asegura que el país produce suficiente gasolina y diésel para abastecer su mercado interno y que no ha necesitado importar combustibles terminados durante 2025 ni en los primeros ocho meses de 2026.

El presidente de la estatal, Héctor Obregón, atribuyó el resultado a las inversiones realizadas desde 2024 para recuperar instalaciones que durante años operaron de manera intermitente o permanecieron parcialmente paralizadas.

Según el funcionario, el sistema procesa actualmente unos 350.000 barriles de crudo diarios, volumen que permitiría satisfacer la demanda nacional y mantener abastecidas más de 1.600 estaciones de servicio.

“Pdvsa y el Ministerio de Hidrocarburos no tuvieron que importar combustible para cubrir la demanda nacional”, afirmó Obregón en una entrevista con El Universal.

De confirmarse de manera sostenida, el resultado representaría un cambio relevante para un país que posee algunas de las mayores reservas de petróleo del mundo, pero que durante años tuvo que importar gasolina y componentes debido al deterioro de sus propias refinerías.

La afirmación, sin embargo, procede de la propia empresa y no está acompañada por balances operativos auditados, estadísticas detalladas de producción por instalación ni información aduanera suficiente para verificarla de manera independiente.

Una recuperación desde niveles históricamente bajos

Venezuela construyó durante el siglo XX uno de los sistemas de refinación más importantes de América Latina. El complejo de Paraguaná, integrado por Amuay y Cardón, llegó a figurar entre los mayores del mundo.

El país también dispone de las refinerías El Palito, Puerto La Cruz y Bajo Grande, además de terminales, poliductos y centros de distribución como Yagua.

En conjunto, la capacidad nominal venezolana se aproxima a 1,3 millones de barriles diarios. El procesamiento reportado actualmente por PDVSA equivale, por tanto, a poco más de una cuarta parte de esa infraestructura teórica.

Esa comparación ayuda a dimensionar el anuncio.

Procesar 350.000 barriles diarios puede ser suficiente para una economía cuyo consumo se redujo después de años de contracción, emigración y menor actividad industrial. No significa que el sistema haya recuperado su capacidad histórica ni que todas sus unidades se encuentren operativas.

La autosuficiencia anunciada surge tanto de una recuperación parcial de las refinerías como de una demanda interna considerablemente menor que la registrada cuando la economía venezolana era más grande.

El régimen heredó una industria capaz de producir y exportar combustibles. Después de años de politización, expropiaciones, corrupción, pérdida de personal técnico y mantenimiento insuficiente, el país terminó importando derivados a pesar de poseer enormes reservas de crudo.

Las sanciones estadounidenses agravaron las dificultades para obtener repuestos, financiamiento y componentes. Pero comenzaron después de que la producción y el sistema refinador ya mostraran un deterioro profundo.

La pérdida de capacidad fue, ante todo, consecuencia de decisiones internas.

La diferencia entre capacidad y operación estable

Obregón habló de una capacidad de refinación de 350.000 barriles diarios. No está completamente claro si se refería al procesamiento efectivo y sostenido o a la capacidad actualmente disponible.

La diferencia es importante.

Una refinería puede alcanzar determinado nivel durante varios días y luego reducirlo por fallas eléctricas, falta de hidrógeno, averías en unidades de craqueo o interrupciones en el suministro de componentes.

Para considerar estable la recuperación sería necesario conocer el promedio mensual de procesamiento, el rendimiento de gasolina y diésel, la disponibilidad de las unidades y el número de paradas no programadas.

PDVSA no publica regularmente ese nivel de detalle ni presenta estados financieros auditados con la transparencia esperada de una empresa petrolera internacional.

También convendría precisar qué entiende la estatal por “no importar combustible”. Venezuela puede no comprar cargamentos identificados como gasolina o diésel terminados y, al mismo tiempo, recibir nafta, crudos livianos, componentes de mezcla o diluyentes necesarios para procesar su petróleo pesado y formular productos comercializables.

Sin datos de comercio exterior desagregados, la declaración no permite determinar si la cadena refinadora funciona completamente con insumos nacionales.

La afirmación debe entenderse, por ahora, como la posición oficial de PDVSA, no como una conclusión verificada de manera independiente.

Más gasolina, pero una logística todavía vulnerable

La empresa afirma que alrededor de 1.000 camiones cisterna distribuyen diariamente los combustibles desde distintos centros operativos, entre ellos Yagua, El Palito y Bajo Grande.

La recuperación del procesamiento permitió además incorporar una gasolina de mayor octanaje denominada Súper Premium, que se suma al producto de 92 octanos disponible en el mercado.

La presencia de una nueva alternativa comercial puede indicar una mejora en la capacidad de mezcla y procesamiento. Su disponibilidad en determinadas estaciones, sin embargo, no demuestra que el abastecimiento sea uniforme en todo el territorio.

Durante años, Venezuela mantuvo diferencias profundas entre Caracas y otras regiones. La capital podía mostrar una oferta relativamente estable mientras estados del interior enfrentaban filas, racionamiento o ventas informales.

El verdadero indicador de normalización no será la ausencia de escasez en estaciones seleccionadas, sino la continuidad del suministro en todo el país durante varios meses.

La logística continúa dependiendo de carreteras, cisternas, terminales y sistemas de almacenamiento que también necesitan inversión. Producir suficiente combustible en una refinería no garantiza que llegue oportunamente a cada mercado regional.

La producción de crudo también aumenta

PDVSA sitúa la producción nacional en 1,233 millones de barriles diarios, después de haber recuperado la meta de 1,2 millones.

Las fuentes secundarias utilizadas por la OPEP ubican la producción venezolana cerca de ese nivel, aunque habitualmente existen diferencias frente a las cifras comunicadas directamente por el Gobierno.

Obregón destacó el campo Zamora, en el estado Zulia, donde la producción habría aumentado desde unos 20.000 hasta 100.000 barriles diarios mediante convenios operativos con compañías privadas.

La participación de capital y operadores externos comienza a tener un papel más visible en la recuperación. Es una admisión práctica de que PDVSA no dispone por sí sola de todos los recursos, equipos y capacidades necesarios.

Los nuevos contratos pueden acelerar la rehabilitación de pozos e instalaciones. Su sostenibilidad dependerá de que las empresas puedan cobrar, recuperar capital y operar bajo reglas previsibles.

Venezuela ya expropió activos, modificó contratos y acumuló deudas con socios y proveedores. Recuperar la confianza requerirá algo más que nuevas metas de producción: exigirá seguridad jurídica, transparencia y continuidad regulatoria.

Gas para sostener el sistema eléctrico

La recuperación energética también depende del gas natural.

El vicepresidente de Gas de PDVSA, Jannier Viloria, anunció un plan para entregar al mercado interno unos 2.000 millones de pies cúbicos diarios en diciembre. El suministro estaría dirigido a centrales termoeléctricas, industrias, comercios y usuarios domésticos.

Aumentar la disponibilidad de metano podría reducir el consumo de combustibles líquidos en generación eléctrica y liberar más diésel para transporte u otros usos.

El objetivo vuelve a depender de la capacidad real de producción, procesamiento y transporte. Venezuela ha quemado o dejado sin aprovechar grandes volúmenes de gas asociado debido a la falta de infraestructura.

El problema eléctrico tampoco se resolverá únicamente con más combustible. Las centrales, líneas de transmisión y subestaciones necesitan rehabilitación después de años de deterioro.

El acuerdo con la empresa argentino-estadounidense IMPSA para retomar Tocoma y rehabilitar unidades de Macagua apunta en esa dirección, aunque sus alcances iniciales son menores que los anunciados en algunos reportes.

La primera fase prevé recuperar 432 MW en Tocoma y 240 MW en Macagua durante 24 meses. El objetivo de llegar a 2.640 MW corresponde al plan completo para ambas centrales, no a capacidad que vaya a incorporarse de inmediato.

Autosuficiencia no equivale a recuperación plena

La capacidad de producir gasolina y diésel suficientes para el consumo nacional sería una mejora concreta. También sería una señal de que las inversiones y reparaciones recientes comenzaron a generar resultados.

Pero Venezuela parte de una situación anormal: una potencia petrolera cuya economía se contrajo hasta poder ser abastecida por una fracción de su capacidad refinadora original.

La autosuficiencia puede lograrse porque aumenta la producción de combustibles, porque disminuye el consumo o por una combinación de ambas cosas.

Una recuperación genuina debería permitir abastecer el mercado interno de forma estable, utilizar una mayor parte de las refinerías y volver a exportar derivados con regularidad. También tendría que reducir fallas, eliminar las diferencias regionales y publicar información que pueda ser auditada.

Por ahora, PDVSA ofrece declaraciones, pero pocos datos verificables.

El anuncio merece atención porque podría indicar un avance operacional. No justifica todavía proclamar la recuperación definitiva de una industria que perdió más de dos tercios de su producción histórica y mantiene la mayor parte de su capacidad refinadora fuera de servicio.

Venezuela no debería conformarse con producir suficiente combustible para una economía empobrecida. El objetivo tendría que ser reconstruir una industria capaz de acompañar el crecimiento, atraer inversión y volver a competir en los mercados internacionales.

Cubrir la demanda actual es un primer paso. Demostrar que puede hacerlo de forma continua, transparente y rentable será la prueba verdadera.