Venezuela firmó un acuerdo definitivo con la empresa argentino-estadounidense IMPSA para reactivar trabajos en las centrales hidroeléctricas de Tocoma y Macagua, dos instalaciones estratégicas del sistema eléctrico nacional ubicadas en el estado Bolívar.
La primera fase contempla recuperar 672 megavatios de capacidad durante los próximos 24 meses.
De ese total, 432 MW procederán de las unidades 1 y 2 de Tocoma y otros 240 MW de las unidades 4, 5 y 6 de Macagua.
El primer resultado debería producirse antes. IMPSA se comprometió a poner nuevamente en servicio las unidades 5 y 6 de Macagua e incorporar 160 MW al Sistema Eléctrico Nacional dentro de los 90 días posteriores a la firma del contrato.
Posteriormente, la rehabilitación de la unidad 4 añadirá otros 80 MW en un plazo estimado de 12 meses, elevando a 240 MW la capacidad recuperada en Macagua.
En paralelo, la empresa comenzará las obras civiles y electromecánicas necesarias para poner en funcionamiento las primeras dos unidades de Tocoma.
El plan representa un avance concreto para un sistema eléctrico afectado durante años por fallas de generación, deterioro de las redes, mantenimiento insuficiente y proyectos inconclusos.
Sin embargo, debe distinguirse la primera etapa contratada de la meta anunciada para el proyecto completo.
Los 2.640 MW citados por el Gobierno corresponden al plan maestro para ambas centrales: 2.160 MW en Tocoma y 480 MW en Macagua. No toda esa capacidad será incorporada en los próximos 24 meses.
Qué son Tocoma y Macagua
Macagua y Tocoma forman parte del complejo hidroeléctrico del Bajo Caroní, una cadena de centrales construidas sobre el río Caroní que también incluye Guri y Caruachi.
El sistema aprovecha sucesivamente el caudal del río antes de su desembocadura en el Orinoco. El agua utilizada para generar electricidad en una central continúa hacia las instalaciones ubicadas aguas abajo, permitiendo producir energía varias veces dentro de la misma cuenca.
Guri es la mayor central hidroeléctrica de Venezuela y durante décadas ha sido el principal pilar de su sistema eléctrico. Caruachi y Macagua complementan esa producción, mientras Tocoma fue concebida como la cuarta gran central del conjunto.
Macagua se encuentra en operación desde hace décadas, pero varias de sus unidades necesitan rehabilitación y modernización.
Tocoma, cuyo nombre oficial es Central Hidroeléctrica Manuel Piar, representa una situación diferente: se trata de un megaproyecto que comenzó a construirse en 2007 y nunca fue terminado.
La instalación fue diseñada con diez unidades generadoras y una capacidad aproximada de 2.160 MW. Esa potencia sería suficiente para atender una parte significativa de la demanda venezolana y reducir la necesidad de utilizar generación térmica alimentada con gas, diésel o fueloil.
El proyecto quedó paralizado después de consumir miles de millones de dólares.
Una investigación de Transparencia Venezuela estimó que la obra había alcanzado una ejecución física de 87,19%, aunque el prolongado abandono obliga a evaluar el estado real de las estructuras, los equipos y los componentes instalados.
Reactivar Tocoma no consiste simplemente en completar el porcentaje faltante. Después de años de paralización será necesario inspeccionar, reparar, sustituir y probar infraestructura que puede haber sufrido deterioro.
La primera etapa, en cifras
| Central | Unidades | Capacidad prevista | Plazo anunciado |
|---|---|---|---|
| Macagua | 5 y 6 | 160 MW | 90 días |
| Macagua | 4 | 80 MW adicionales | 12 meses |
| Tocoma | 1 y 2 | 432 MW | 24 meses |
| Total de la primera fase | 5 unidades | 672 MW | Hasta 24 meses |
Una vez completada esta etapa, el plan maestro prevé continuar los trabajos hasta alcanzar 2.640 MW entre las dos instalaciones.
La distribución final sería de 2.160 MW en Tocoma y 480 MW rehabilitados en Macagua.
IMPSA y la Corporación Eléctrica Nacional todavía tendrán que establecer el calendario, financiamiento y alcance contractual de las fases posteriores.
Por ahora, el compromiso más inmediato y verificable es la incorporación de 160 MW en Macagua durante los primeros 90 días.
Quién es IMPSA
IMPSA es una compañía industrial fundada en Argentina y especializada en la fabricación, rehabilitación y modernización de grandes equipos para generación eléctrica.
La empresa diseña turbinas, generadores, componentes electromecánicos, sistemas de automatización y equipos para centrales hidroeléctricas y nucleares. También participa en proyectos industriales y fabrica grúas de gran tamaño para puertos.
Según la compañía, ha intervenido en más de 180 proyectos que representan más de 50.000 MW de capacidad instalada en diferentes países.
IMPSA conoce Tocoma desde su etapa original. La empresa formó parte de los contratistas encargados de suministrar equipos electromecánicos para el proyecto, junto con un consorcio de constructoras internacionales.
Esa experiencia previa puede facilitar la evaluación del estado de las turbinas y generadores que quedaron sin entrar plenamente en operación.
La estructura accionaria de IMPSA cambió en febrero de 2025, cuando fue adquirida por el fondo estadounidense Industrial Acquisition Fund. Desde entonces se presenta como una empresa argentino-estadounidense.
La compañía también reestructuró sus deudas y busca recuperar presencia internacional mediante contratos de rehabilitación hidroeléctrica, energía nuclear y equipamiento industrial.
El acuerdo venezolano representa una oportunidad importante para esa nueva etapa. También exigirá demostrar que la empresa puede completar una obra compleja dentro de un sistema eléctrico con graves limitaciones financieras y operativas.
Por qué 672 MW son importantes
La capacidad prevista en la primera fase no resolverá por sí sola la crisis eléctrica venezolana, pero puede producir una mejora relevante.
Los primeros 160 MW de Macagua podrían incorporarse con relativa rapidez porque corresponden a la rehabilitación de unidades existentes. Esa energía ayudaría a aumentar la reserva operativa y reducir parte del déficit en momentos de mayor demanda.
Los 432 MW de Tocoma tendrían un significado adicional. Representarían la entrada en operación de las primeras unidades de una central que permaneció inconclusa durante casi dos décadas.
La generación hidroeléctrica también ofrece costos operativos inferiores a los de las centrales alimentadas con combustibles líquidos. Una mayor producción en el Caroní podría liberar gas y diésel para otros usos y disminuir la dependencia de unidades térmicas deterioradas.
Pero la capacidad nominal no equivale automáticamente a electricidad entregada.
Para que la energía llegue a hogares e industrias también deben funcionar las subestaciones, transformadores y líneas de transmisión. Las centrales requieren mantenimiento, personal especializado, repuestos y sistemas de control.
Incorporar turbinas sin rehabilitar el resto de la cadena puede trasladar el cuello de botella desde la generación hacia la transmisión o la distribución.
Un sistema demasiado dependiente del Caroní
El complejo hidroeléctrico del Bajo Caroní constituye una de las mayores ventajas energéticas de Venezuela, pero también representa una concentración de riesgo.
Una proporción considerable de la electricidad nacional depende de centrales ubicadas en la misma cuenca y conectadas mediante grandes corredores de transmisión hacia el centro y el occidente del país.
Cuando disminuye el nivel de los embalses, falla una línea principal o se produce un problema operativo en el complejo, las consecuencias pueden extenderse por todo el territorio.
Esa vulnerabilidad se hizo evidente durante las crisis eléctricas y los apagones nacionales de años anteriores.
Completar Tocoma puede aumentar la generación disponible, pero no sustituye la necesidad de diversificar el sistema y recuperar la capacidad térmica existente cerca de los centros de consumo.
Venezuela dispone de plantas alimentadas con gas natural y combustibles líquidos que deberían proporcionar respaldo durante periodos secos o fallas hidroeléctricas. Muchas han operado por debajo de su capacidad debido al deterioro, la falta de combustible, problemas de mantenimiento y escasez de repuestos.
La seguridad eléctrica requiere ambas cosas: rehabilitar el Bajo Caroní y recuperar una flota térmica capaz de responder cuando disminuye la producción hidroeléctrica.
De megaproyecto inconcluso a recuperación por etapas
El Gobierno venezolano ha presentado el acuerdo como la reactivación definitiva de Tocoma. La diferencia entre el discurso y el contrato merece atención.
La primera fase no contempla terminar inmediatamente las diez unidades de la central. Se concentra en las unidades 1 y 2 y en la recuperación parcial de Macagua.
Ese enfoque por etapas resulta más creíble que anunciar la entrada simultánea de toda la capacidad.
Permite concentrar recursos en equipos específicos, obtener resultados iniciales y comprobar el estado de la infraestructura antes de avanzar hacia el resto de la central.
También hace posible evaluar el cumplimiento de IMPSA y de Corpoelec mediante hitos concretos:
- Emisión del acta formal de inicio.
- Reactivación de 160 MW en Macagua.
- Incorporación de otros 80 MW mediante la unidad 4.
- Finalización de las unidades 1 y 2 de Tocoma.
- Recuperación total de 672 MW en 24 meses.
- Definición y financiación de las fases posteriores.
La transparencia sobre cada etapa será fundamental. El proyecto original de Tocoma sufrió retrasos, sobrecostos y opacidad contractual. Repetir ese modelo podría producir nuevas inversiones sin electricidad adicional.
El financiamiento sigue siendo una incógnita
El comunicado de IMPSA detalla la capacidad y los plazos, pero no publica el valor del contrato, la estructura de financiamiento ni las garantías de pago.
Esos elementos son fundamentales para determinar la viabilidad del proyecto.
Rehabilitar turbinas y completar obras civiles requiere importar equipos, movilizar especialistas y contratar proveedores. IMPSA también tendrá que protegerse frente a retrasos administrativos, dificultades cambiarias y posibles incumplimientos.
Venezuela, por su parte, necesita asegurar que los pagos estén vinculados con avances verificables y que los equipos adquiridos puedan mantenerse después de finalizar el contrato.
La sostenibilidad no depende únicamente de terminar las obras. Corpoelec deberá contar con personal, repuestos, programas de mantenimiento y recursos financieros para operar las unidades durante décadas.
Una central recuperada puede volver a deteriorarse si las tarifas, el presupuesto público o la gestión empresarial no cubren sus necesidades operativas.
La electricidad como condición de la recuperación económica
La presidenta Delcy Rodríguez presentó Tocoma como una obra esencial para estabilizar el sistema y apoyar el crecimiento económico.
La relación es directa.
La producción petrolera necesita electricidad para operar bombas, instalaciones de tratamiento, refinerías y terminales. La minería y las industrias básicas de Guayana requieren grandes volúmenes de energía. Los comercios, hospitales y sistemas de agua dependen de un suministro continuo.
Las fallas eléctricas aumentan costos, dañan equipos y obligan a utilizar generadores privados. También reducen el atractivo del país para nuevas inversiones.
Recuperar capacidad hidroeléctrica puede aliviar parte de esas limitaciones, especialmente si se coordina con otros trabajos en generación térmica y transmisión.
El Gobierno también alcanzó un acuerdo con GE Vernova para intervenir otras partes del sistema eléctrico. Ese programa contempla recuperar inicialmente 1.000 MW durante 24 meses y más de 5.000 MW en un periodo de cuatro años, según las autoridades.
La ejecución simultánea de ambos planes podría aumentar de forma sustancial la capacidad disponible. Pero las cifras deben evaluarse mediante resultados operativos, no solamente por la potencia anunciada.
La prueba comenzará en 90 días
El acuerdo con IMPSA representa uno de los pasos más concretos adoptados recientemente para recuperar la infraestructura eléctrica venezolana. Su primera prueba llegará rápidamente.
Si las unidades 5 y 6 de Macagua incorporan 160 MW dentro del plazo de 90 días, el proyecto mostrará que la nueva etapa comenzó con capacidad real entregada al sistema.
Después vendrán las tareas más difíciles: rehabilitar la unidad 4 de Macagua, completar las dos primeras unidades de Tocoma y mantener el calendario de 24 meses. Solo entonces podrá evaluarse la ruta hacia los 2.640 MW del plan maestro.
Tocoma simboliza durante años el costo de una infraestructura anunciada, financiada parcialmente y nunca terminada. Su recuperación tendría un valor eléctrico, económico e institucional.
Pero el acuerdo firmado no equivale todavía a la culminación de la central. Es el inicio de una primera fase que deberá convertir promesas, contratos y equipos abandonados en megavatios efectivamente disponibles.
Fuentes principales: comunicado oficial de IMPSA sobre Tocoma y Macagua, antecedentes de Tocoma recopilados por Transparencia Venezuela y anuncio del acuerdo para recuperar el sistema eléctrico.