Un derrame de petróleo de grandes proporciones provocado por el buque cisterna Caroline Bezengi, perteneciente a la denominada "flota fantasma" que transporta petróleo ruso bajo sanciones internacionales, ha comenzado a impactar las costas de Omán. Según datos de la Autoridad Ambiental omaní difundidos por la agencia oficial ONA, la contaminación por hidrocarburos se extiende ya a lo largo de 12 kilómetros de playa en la zona de Ras Madrakah, en el sur del país.

El buque, un petrolero de 274 metros de eslora que trasladaba aproximadamente 800.000 barriles de crudo cargados en el puerto ruso de Novorosíisk, encalló el pasado 30 de junio en las inmediaciones de las islas Hallaniyat —una zona catalogada como reserva natural marina— tras sufrir un grave incidente operacional en su ruta por el mar Arábigo.

Las imágenes satelitales analizadas por especialistas del sector señalan que la mancha de crudo ha experimentado una expansión acelerada. Aunque las autoridades locales estimaron inicialmente que la superficie afectada cubría unos 390 kilómetros cuadrados, las evaluaciones independientes más recientes indican que la mancha en mar abierto supera ya los 2.000 kilómetros cuadrados, desplazándose hacia el sureste de la provincia de Musandam en dirección a alta mar.

Riesgos operativos y vacíos de cobertura en la 'flota fantasma'

El vertido del Caroline Bezengi pone de relieve los severos riesgos de seguridad marítima y ambiental asociados al comercio de petróleo sujeto a restricciones occidentales. La embarcación navegaba inicialmente bajo bandera de Camerún, pero la Organización Marítima Internacional (OMI) la cataloga actualmente con pabellón desconocido tras haber perdido su registro oficial a finales de mayo.

El petrolero Caroline Bezengi en la costa de Omán tras sufrir daños (6 de agosto). Foto: Ambrey

Fuentes del sector de la seguridad marítima señalan que el buque sufrió una explosión interna a principios de junio mientras transitaba por aguas territoriales de Yemen, antes de quedar a la deriva y encallar en la costa omaní. No existe confirmación oficial sobre si el incidente fue provocado por una falla técnica o por un ataque armado en el contexto de la inestabilidad geopolítica de la región, y ninguna facción ha reivindicado responsabilidad alguna sobre el evento.

La resolución de la emergencia ambiental enfrenta un complejo cuello de botella legal y corporativo:

  • Falta de cobertura P&I: La nave no cuenta con seguro marítimo registrado bajo ningún club de Protección e Indemnización (P&I) reconocido internacionalmente, lo que impide activar las pólizas de responsabilidad civil estándar para operaciones de limpieza y salvamento.
  • Propietario inubicable: La empresa propietaria del buque, con sede reportada en Shanghái, no ha respondido a los requerimientos oficiales ni a las solicitudes de información emitidas por las autoridades del Sultanato de Omán.
  • Sin cadena de custodia: Al no contar con un armador accesible ni con registro de bandera activo, la responsabilidad financiera y operativa de la contingencia recae de forma subsidiaria sobre el Estado ribereño.

Sensibilidad ecológica y monitoreo en el estrecho de Ormuz

Las autoridades de Omán han desplegado barreras de contención y equipos de dispersión para limitar la dispersión del crudo. Por el momento, la Autoridad Ambiental confirmó que las manchas no han alcanzado la costa de la isla Masirah, un ecosistema insular vulnerable cuya franja sur forma parte de la zona de riesgo delimitada por las corrientes marinas.

Omán, que comparte con Irán la soberanía sobre las aguas estratégicas del estrecho de Ormuz —paso por el que transita cerca del 20% del consumo mundial de petróleo y GNL—, mantiene un monitoreo permanente sobre la evolución de la mancha mediante observación aérea y datos satelitales.

El incidente subraya el desgaste de las cadenas logísticas paralelas que continúan operando al margen del sistema financiero y asegurador occidental. La proliferación de petroleros de alta antigüedad, sin cobertura P&I de primer nivel y con registros de bandera volátiles, representa una amenaza creciente para las rutas de navegación del Océano Índico y para los países exportadores de Oriente Medio, que deben asumir los costos de remediación ambiental ante la ausencia de seguros comerciales ejecutables.